Cómo vencer la timidez en 4 pasos
La timidez es algo que limita mucho socialmente a las personas que la padecen. Es como una mano invisible que te coge el brazo o te tapa la boca para que no hagas o digas aquello que estás pensando, o que directamente te aprieta el estómago y te hace sentir mal e incómodo cuando tenemos que tratar con otras personas. Considero que ser muy tímido es una incapacidad emocional al igual que ir en silla de ruedas es una incapacidad física. Afortunadamente, al igual que muchas personas que vuelven a andar tras meses de rehabilitación después de un accidente, creo que es posible superar la timidez si se trabaja en ello con suficiente disciplina.
Debo confesar que hace unos años mi timidez me tenía totalmente controlado. No era capaz de interactuar con nadie de una forma normal si no había entre nosotros una gran confianza, ni siquiera para la cosa más sencilla. Ya podía estar dando vueltas por una parte de la ciudad que no conocía, que prefería llegar tarde que preguntar a cualquier transeúnte, y eso que me considero una persona muy puntual. Hoy en día no me considero una persona extremadamente extrovertida, pero tengo mi timidez bajo control. Creo que a base de haber recorrido un largo camino puedo sacar algunas conclusiones de cómo he llegado hasta aquí para ayudar a otros a vencer la timidez.
Identificar tu grado de timidez
Lo primero que debes hacer es reconocer qué situaciones son aquellas que desencadenan ese miedo irracional que provoca la timidez. Aquí hay de todo, desde la persona que no para de sudar y tartamudear al hablar en público al que es incapaz de relacionarse con absolutamente nadie, pasando por el pobre chico que sólo quiere poder hablar con chicas con total confianza en sí mismo. Creo que seguir los consejos de los que te voy a hablar pueden ayudar a cualquiera que sufra de timidez, independientemente del grado, pero se consciente de que, obviamente, cuanto más tímido seas más te costará vencer la tímidez. Pero como todo en el desarrollo personal, hacerlo es posible si eres lo suficientemente disciplinado.
La idea de crear esta lista de situaciones es saber en qué deberás esforzarte más por superar. Quizá te consideres tímido pero realmente sólo te incomode hablar en público, que es algo de lo más común, y que tiene más rápida solución que superar una timidez extrema. Como siempre, para solucionar un problema debemos identificar cuál es.
Cultivar la seguridad en ti mismo
En la mayoría de los casos, la timidez es un efecto de la falta de seguridad en uno mismo. Uno no se considera competente en lo que hace, o se cree que vale poco como persona, con lo que siempre que habla con alguien esa inseguridad desencadena un efecto de introversión, pues el tímido se dice a sí mismo constantemente "Seguro que sabe que no valgo nada", "Se van a reír de mí", "Le daré pena y por eso habla conmigo" y cosas similares. Lo se, he estado ahí.
Realmente es difícil de definir todo lo que a uno le pasa por la cabeza cuando sufre un ataque de timidez en una situación social, pero casi siempre lo que se siente es miedo al rechazo. El ser un humano es por definición, un animal social, y por tanto busca la aceptación de la manada (el resto de la sociedad). Cuando uno cree que no gusta a los demás, o lo que es peor, que es normal que no guste tal y como es, cualquier situación en la que tenga que tratar con otras personas se vuelve incómoda.
El primer paso para vencer la timidez es saber que todo está en nuestra mente. Tenemos, sí o sí, que aceptarnos y gustarnos a nosotros mismos, porque de otra forma es imposible encontrarse cómodo tratando con gente con la que no tenemos confianza, ya que nuestras inseguridades siempre saldrán a flote. En mi caso, el proceso de gustarme a mí mismo pasó por perder unos cuantos bastantes kilos -pesaba 125 kg en el apogeo de mi timidez-, así que necesitas saber que conseguir gustarte y estar seguro de ti mismo puede no ser fácil, pero te aseguro que la recompensa merece la pena. Cuanto más me acercaba a mi peso ideal, mejor me sentía conmigo mismo, pero no pienses que con hacer pose de matador y guiñarte el ojo cada vez que pases por un espejo termina el trabajo duro.
Superar tus miedos enfrentándote a ellos
Se que parece un tópico pero no lo es. No es que hacer puenting me parezca la forma más efectiva de superar el vértigo -nunca creí en las terapias de choque- pero la verdad es que no hay otra forma de vencer un miedo que enfrentarse a él. Eso sí, poco a poco. Al igual que con las dietas, las soluciones milagrósamente rápidas no funcionan. Cambiar nuestra personalidad es posible, pero cuesta tiempo y esfuerzo. Como cuando empezamos a ir al gimnasio, tenemos que empezar por ejercicios básicos e ir incrementando en intensidad hasta que, sin darnos cuenta, hayamos alcanzado nuestra meta.
Por ejemplo, aún cuando perdí peso y gané confianza en mí mismo, seguía teniendo problemas para relacionarme con mujeres sin ponerme nervioso, y ya no digamos de entrarles en un bar o una discoteca -no vale si llevamos en sangre más alcohol que el permitido por la ley para conducir un triciclo. Así que decidí empezar por lo más sencillo e ir subiendo desde ahí. En la empresa en la que trabajaba en ese momento había dos chicas que se dedicaban a tareas administración. Eran muy simpáticas, pero debido a mi timidez, en los pocos meses que llevaba trabajando ahí apenas me había relacionado con ellas. Así pues, a base de forzarme a mí mismo a interactuar con ellas, empecé a sonreírles cada vez que las veía o las saludaba, luego a preguntarles qué tal les iba el día al cruzarnos en la máquina de café y más tarde iba directamente a hablar con ellas cuando tenía un rato libre, por ejemplo a preguntarles qué habían hecho el fin de semana. Como os podéis imaginar, al final todo sucedía de forma espontánea, sin yo tener que forzarme, y dejé de sentirme incómodo haciéndolo. Acabamos teniendo mucha confianza y recuerdo muy bien un día que estábamos hablando y me dijeron algo como: "Tú eres de los nuestros. Bueno ahora, porque al principio eras muy callado y no hablabas con nosotras". En ese momento sentí que había cumplido mi objetivo.
A partir de ahí, sólo es cuestión de repetir el proceso con otras personas en tu vida hasta que se convierta en algo de lo más normal. Y con otros tipos de timidez, el procedimiento es el mismo. Si cuando tienes que hablar en público en tu trabajo te sientes incómodo, prueba a ensayar lo que tengas que presentar ante tu pareja, o aprovecha cualquier ocasión para contar algún buen chiste delante de tus amigos mientras te miran atentos. Cuando tienes que hacer presentaciones siempre es importante de cara a estar seguro de ti mismo el llevarla bien preparada, eso te dará la capacidad de saber siempre de qué hablar o cómo responder a las dudas de los que asistan a la misma.
Sin embargo, debo confesar que cuando conseguí relacionarme con cualquier persona, hombre o mujer, sin ningún problema, seguía siendo tímido a la hora de entrarle a mujeres en los bares. Es algo extremadamente común, pero era un aspecto de mi vida que quería mantener bajo control, así que decidí que ya que había llegado hasta ahí, bien podía darme un último empujón. Me costó mucho más de lo que pensaba -y tampoco es que ahora me considere un seductor nato-, pues no empecé a ver un verdadero progreso hasta que aprendí una cosa verdaderamente importante no sólo en las relaciones personales, sino en cualquier aspecto de la vida.
Superar el miedo al fracaso
Así es, controlar nuestro miedo al fracaso es algo realmente importante en nuestro desarrollo personal, ya sea en nuestras relaciones personales, en nuestra forma de invertir el dinero o en las decisiones que tomamos en nuestra vida profesional. La forma de hacerlo es celebrar el fracaso, pues de cada uno se aprende algo y nos ayuda a mejorar. No te quepa duda: fracasarás muchas veces en tu vida. Eso dalo por hecho. Lo difícil, lo que tienes que intentar hacer, es aprender algo de cada fracaso, y aplicarlo la próxima vez que te veas en una situación similar.
¿No gustó la presentación de tu proyecto en la oficina? Quizá no la tenías lo suficientemente preparada. Quizá no fuiste lo suficientemente arriesgado en tu propuesta, o te pasaste de riesgo. Piensa en qué falló, y asegúrate de que la próxima vez no se repita. ¿Esa chica te acaba de decir que eres un idiota cuando le has entrado? Quizá le has soltado un topicazo. Quizá le han entrado ya cien chicos esa noche y no está de humor. Quizá lo has hecho en un tono inapropiado. De nuevo, no te lo tomes como algo personal ni te limites a olvidarlo, aprende de tu fracaso. Puede que te sorprenda, pero en las relaciones sociales la práctica es algo tan importante y necesario como cuando se aprende a tocar un instrumento o a practicar un deporte.
En base a nuestros genes, nuestra educación y otros factores, tenemos una habilidad social determinada, pero eso no quiere decir que no podamos trabajar para mejorarla. Sólo tienes que poner un poco de tu parte para mejorar y avanzar un paso más hacia la persona que te gustaría ser.
¿Te pareció interesante este mensaje?